viernes, 1 de diciembre de 2017

15 actitudes y aptitudes que buscan las empresas en las entrevistas de trabajo


15 actitudes y aptitudes que buscan las empresas en las entrevistas de trabajo

Autora: Amalia López Acera @AmaliaLopezAcer


Cuando una empresa se decide a contratar a una persona, lo hace porque necesita recursos (en este caso humanos) para poder desarrollar su actividad. Los responsables de la selección tienen ya en ese momento definido un perfil de cómo tiene que ser la persona que va a ocupar el puesto.
Ellos conocen las características del trabajo que va a realizar, y por tanto, cuál es la formación, la experiencia y las habilidades que son necesarias. Pero no sólo eso, sino que además saben cuáles son esas otras actitudes que esa persona debe tener para poder encajar en la empresa.
Durante 6 años he estado trabajando en un servicio público de empleo en donde he atendido a más de 27.000 personas desempleadas y tramitado cientos de ofertas de trabajo. De toda esa experiencia he extraído algunos aprendizajes sobre qué es aquello que buscan las empresas cuando están seleccionado.
Y es que uno de los problemas que se plantea es que, por un lado, las personas que están buscando empleo no pueden demostrar lo que valen hasta que no están trabajando. Y por otro, las empresas no pueden comprobar si han elegido al mejor candidato hasta que ya lo han contratado.
Por eso recurrimos a los procesos de selección los cuales se desarrollan en dos fases:
1ª) La selección se hace en función de criterios objetivos (títulos, formación, experiencia…)
2ª) La selección se hace con criterios subjetivos (empatía, capacidad de trabajo…).
Para esa segunda fase contamos entre otras herramientas con las entrevistas personales. Hablamos normalmente de entrevista, pero lo habitual es que sean dos, tres o incluso 6 como en el caso de Apple cuando selecciona dependientes que llegan a ser incluso 9 cuando el puesto es para responsable de tienda.
¿Y qué es lo que buscan las empresas en esas entrevistas? ¿Cuáles son esas actitudes laborales y aptitudes laborales que tenemos que tener, y sobre todo demostrar en las mismas? Son aptitudes profesionales que pueden ser muy útiles para conseguir o mejorar tu puesto de trabajo, así que espero que espero que estas habilidades profesionales y personales te sean de gran utilidad.

Las 7 aptitudes laborales más valoradas por las empresas


1.- Capacidad de iniciativa.
La empresa cuando te contrate te indicará el trabajo que tienes que hacer, pero también querrá que aportes nuevas ideas, propuestas y sugerencias. Hay candidatos que se lo “curran”: una chica en una selección para responsable de marketing llevó a la entrevista una propuesta de plan de comunicación que había elaborado para esa empresa y lo expuso. Sobra decir que se quedó con el puesto aunque era la que menos formación y experiencia tenía de todos. Es por tanto una de las aptitudes profesionales más tenidas en cuenta.

2.- Adaptabilidad.
Cada vez más las empresas buscan perfiles profesionales que sean capaces de realizar funciones o tareas diferentes. Mostrar durante la entrevista cómo nos mantenemos al día en nuestro sector profesional o cómo somos capaces de aprender nuevas habilidades digitales nos ayudará a transmitir esa idea.

3.- Capacidad para resolver problemas.
Ante un imprevisto hay personas que se quedan paralizadas y no saben cómo actuar. En cambio, hay otras que son capaces de analizar la situación y tomar decisiones. Este tipo de personas son las que buscan las empresas. Si te plantean una pregunta del tipo ¿qué harías tú si….? en realidad lo que están intentado descubrir es si perteneces al segundo grupo.

4.- Trabajo en equipo.
Según parece todos somos capaces de trabajar en equipo y la realidad es que después la mayoría de problemas que se plantean en las empresas es precisamente porque no sabemos trabajar en equipo. Y es que trabajar en equipo no es sólo hacer “tareas juntos”, sino que también se refiere a la capacidad de crear un buen ambiente de trabajo.

5.- Versatilidad.
Las empresas valoran muy positivamente esta aptitud laboral en sus futuras contrataciones, ya que la polivalencia de la nueva incorporación le permite más oportunidades de trabajo en diferentes campos.
Polivalente no quiere decir que la persona tenga que estar especializada en un gran número de ramas o especialidades pero sí que además de su especialización tenga capacidad de trabajo en otras áreas.

6.- Creatividad.
La creatividad hace que una persona destaque por encima del resto de entrevistados y lógicamente es una aptitud laboral muy tenida en cuenta por la mayorías de las empresas.

7.- Liderazgo.
El liderazgo y la capacidad de liderar equipos en una aptitud que tiene gran importancia y que debemos desarrollar.

Las 8 actitudes laborales más valoradas por las empresas

Ahora nos vamos a centrar en ver algunas actitudes laborales que son muy valoradas por las empresas en los procesos de selección.
1.- Seriedad.
No nos referimos a ser más o menos graciosos, sino al hecho de ser responsables en nuestro trabajo, pero claro, hasta que no estemos trabajando no lo podemos demostrar. Pues bien, intentemos no llegar tarde a la entrevista, llevar originales y copia de todos nuestros títulos o contratos. Si en una entrevista nos piden una copia del currículum, no lo hacen porque no lo tengan, sino porque quieren ver si somos previsores y organizados.

2.- Empatía.
Como hemos dicho antes no hace falta ser graciosos, pero sí que tenemos que tener habilidades sociales. Sonreír y mantener una actitud cordial es fundamental. Ninguno de nosotros cree que es antipático o borde, pero todos conocemos a compañeros y compañeras que son antipáticos y bordes.

3.- Implicación con la empresa o negocio.
La mayoría de candidatos durante un proceso de selección dice estar muy ilusionado de poder trabajar en esa empresa. En una ocasión un reclutador le preguntó al candidato: ¿me puedes decir en dónde tenemos oficinas abiertas? A lo que él no supo contestar. Si vamos a una entrevista de trabajo debemos conocer lo máximo posible de la misma.

4.- Personas poco problemáticas.
Plantear en la entrevista que “si te toca el turno de tarde no podrás ir porque lo tienes complicado”, no te va a ayudar mucho. Todos tenemos dificultades para conciliar la vida laboral y familiar o para desplazarnos hasta nuestro trabajo, pero en este caso estamos creando un problema a la empresa cuando ni siquiera formamos parte de ella. Por eso, aquello de “tengo total disponibilidad” debemos aplicarlo.

5.- Actitud positiva.
No sólo para el trabajo, si no para la vida en general. Una vez asistí a una conversación entre dos reclutadores en la que estaban comentando que uno de los candidatos no había hecho más que quejarse de que no tenía trabajo y de que tenía que pagar una hipoteca. Sinceramente pensé que qué diferentes se ven las cosas cuando uno tiene trabajo. Mi sorpresa fue cuando ese mismo reclutador dijo que tenía un hijo pequeño con cáncer y que ahí estaba poniendo la mejor de sus sonrisas.

6.- Personas seguras de sí mismas. En una entrevista de trabajo todos nos ponemos nerviosos ya que nos jugamos mucho, pero hay personas que demuestran estar más seguras de sí mismas que otras. Cuando te planteen ¿qué puedes ofrecer tú a la empresa? lo que están buscando en realidad es que les transmitas la confianza de que eres la persona idónea para el puesto y que les ayudes a tomar la decisión de elegirte.

7.- Lealtad.
La lealtad es la capacidad que tiene una persona para ser parte de un equipo y mantenerse firme tanto en las adversidades como en los buenos momentos. Es por tanto una actitud laboral muy valoradas por las empresas a la hora de contratar personal.

8.- Honestidad.
Aunque consideres que la honestidad no es un actitud laboral muy valorada, no es así, además de ser importante en un proceso de contratación de una empresa o negocio, también lo es en la relación que se tiene entre empleado y empleador, e incluso nos puede ayudar la progresión que tengamos en la empresa.

¿Añadirías más actitudes laborales a la lista?

Conclusiones

Hemos repasado las actitudes y aptitudes laborales más valoradas por las empresas, y que lógicamente te abrirás las puertas en tu futuro profesionales y laboral.
Hay por último una actitud, o mejor dicho, una cualidad, que aunque nunca se hable de ella, suele estar en el fondo de toda selección, y es la de que todos buscamos tener a nuestro lado a buenas personas, ya sea en el ámbito personal, familiar o profesional.
Te recomiendo que trabajes cada una de estas aptitudes profesionales, ya que te serán de gran ayuda en tu futuro profesional.
Mi recomendación es que te rodees de personas que te hagan crecer a nivel personal y/o profesional, y qué siendo tu mismo encuentres aquello que te hace feliz.
Y es que como dice el filósofo Howard Garner, “una mala persona, no llega nunca a ser un buen profesional”.

¿Añadirías más aptitudes laborales o habilidades laborales a la lista?

¿Añadirías más actitudes laborales?

lunes, 27 de noviembre de 2017

Dónde encontrar las capacidades que le ayudan a tener trabajo


Autor: Tino Fernández @tinofernandez Vía: Expansión
La brecha entre el mundo académico y la realidad del mercado laboral lleva a que las empresas tengan que hacer grandes esfuerzos para adecuar los perfiles profesionales a necesidades muy concretas. Universidad, organizaciones y empleadores están inmersos en una revolución.
Las profesiones de la clase media desaparecerán"... Este pronóstico de Kevin Hallock, profesor de economía del trabajo y director del Instituto de Estudios de la Compensación en la Universidad de Cornell, podría unirse a otra predicción que no por inquietante deja de ser real: "Debemos hacernos a la idea de que tener un buen trabajo y mantenerlo durante mucho tiempo, disfrutando de una vida confortable, se acabó".
Hallock habla de un gran tsunami laboral que cambia nuestra forma de trabajar, y también las profesiones -unas desaparecen y otras que tendrán éxito en pocos años aún no existen- y el mercado laboral, que está sometido a cambios vertiginosos.
Harry Holzer, economista de la Universidad de Georgetown y coautor de ¿Dónde se van los buenos empleos?, coincide con esta extinción de trabajos y profesiones, y sostiene que los empleos que tienden a desaparecer son aquellos en los que se paga realmente bien a trabajadores que no están demasiado cualificados: "Los puestos bien remunerados en cadenas de montaje que requieren una formación modesta y una educación básica son cosa del pasado. La combinación de los avances tecnológicos y la deslocalización de los recursos o de los procesos productivos encoge esos trabajos".
A todo esto se une la influencia de un sistema educativo que se mueve y progresa mucho más lento que el mercado de trabajo y sus exigencias profesionales.
El déficit en materias fundamentales como las matemáticas o la comprensión lectora dificulta la construcción de valores, habilidades soft y competencias transversales, demandadas hoy por las empresas; y perjudica la generación de perfiles con un conocimiento técnico fundamental. Pocos dudan a estas alturas de que el conocimiento de esas habilidades básicas impulsa la empleabilidad y va muy ligado a la productividad.
Conviene plantearse qué queremos ser como país; pensar cómo es posible modificar el sistema empresarial, el educativo y cómo aproximar la formación a la realidad de las empresas. Es necesario plantear la necesidad de una generación futura preparada para la incertidumbre, capaz de transmitir sus pensamientos, que pueda resolver problemas cada vez más complejos y que sea capaz de actuar en un ámbito global muy distinto.
Parece evidente que las compañías plantean nuevas necesidades y también que nos movemos en un escenario laboral cambiante al que los candidatos tendrán que adaptarse. Deberán formarse de un modo distinto, adquiriendo competencias diferenciales para acceder a otros perfiles, porque muchas de las profesiones que tendrán futuro y serán predominantes aún no existen.

Desajuste para el futuro

Jesús Sainz, secretario general del Círculo de Empresarios, se refiere a un desajuste entre la oferta de titulaciones y la demanda de las empresas. Según la OCDE, España es el segundo país después de Italia con más desajuste entre las habilidades requeridas y lo que ofrece el sistema educativo. Sainz hace notar que, "además, la transformación digital acelera la necesidad de ajustar la demanda de nuevos profesionales. Se requieren más perfiles STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) pero, paradójicamente, caen las matriculaciones en ingeniería en las universidades españolas". Sainz cree que "falta orientación a los alumnos en bachillerato. Se matriculan sin saber si van a tener o no un futuro laboral. Existe una demanda de nuevas habilidades que el sistema educativo no sabe proporcionar".
José Antonio Marina, mentor de Human Age Institute, explica que "las habilidades profesionales se construyen sobre unas capacidades básicas que tenemos que adquirir en los niveles básicos de la enseñanza. Países como Alemania y Austria dedican mucha atención a la orientación profesional de los alumnos de Secundaria. A partir de esa edad, comienza un proceso continuado de formación, que ahora debe durar forzosamente toda la vida. Los itinerarios más frecuentados son la formación profesional, la Universidad, o la formación en el puesto de trabajo -las universidades corporativas, por ejemplo-. En este momento, hay muchas ofertas online, los MOOC, micromásteres... Cada profesional tendrá que diseñar su propio currículo".
Fernando Riaño, presidente de Forética, cree que "existen varias brechas que deben cerrarse cuanto antes. Por un lado, las modalidades y enfoques de los estudios que se centran en conocimientos. Pero también la brecha sobre materias. Hay que potenciar las habilidades STEM como base de la futura empleabilidad. Y aquí hay un porcentaje altísimo de vacantes que las empresas no cubren porque no encuentran profesionales formados o con experiencia en este ámbito. Es difícil encontrar este tipo de perfiles, y la brecha se da en lo teórico, pero sobre todo en lo práctico".

Direcciones opuestas

Sobre esa brecha entre el mundo académico y las empresas, José Antonio Marina asegura que "en España no están bien coordinados los planes de estudio con las posibles salidas laborales. La formación suele ser buena, pero demasiado teórica, y no se insiste lo suficiente en aspectos muy valorados, como el trabajo en equipo. La agilidad para aprender resulta decisiva, porque los profesionales con capacidades como ésta aportan soluciones e innovación más rápidamente, y tienen más éxito frente a nuevos retos y situaciones cambiantes. Los individuos que aprenden rápidamente en situaciones de cambio son los que aportarán los mejores resultados en el futuro. También cotiza al alza la polivalencia de aquellos que están interesados en seguir formándose, porque muchos de los trabajos actuales dejarán de existir dentro de unos años, y es fácil quedarse fuera del mercado".
Ana Smonetta Rubido, presidenta de Aiesec, también coincide en el gap entre planes de estudio en escuela y universidad y lo que demandan las compañías: "Cuando hacen entrevistas en empresas, los españoles presentan buenos perfiles, pero les resulta más difícil reaccionar durante el encuentro con el entrevistador, y no venden bien su experiencia ni diseñan adecuadamente su currículo. Aunque tengan habilidades, falla ese tipo de comunicación". Añade la necesidad de desarrollar un modelo de tendencias para ver cuáles van a ser las necesidades de las empresas, como la capacidad de adaptación; cómo reaccionar ante lo que venga; habilidad de comunicación; capacidad de autoconocimiento y de los valores de cada uno (fortalezas y debilidades). Sostiene que "se debe poner a la gente en un ambiente internacional y de reto. Importa la experiencia práctica y los objetivos claros. Ese gap gigante entre Universidad y mercado laboral queda patente cuando descubrimos que hay carreras enfocadas a conocimientos que se demandan cada vez menos".
Jesús Sainz añade que "hay un exceso de titulados en nuestro país: España cuenta con 235 por cada millón de habitantes, comparado con los 168 por millón en Estados Unidos o los 158 por millón en Alemania". Añade que uno de los problemas es el tamaño de las empresas en España: "El 99% tiene menos de 50 empleados, por lo que apenas hay un 1% de demanda de titulados universitarios, que además están sobrecualificados para la actividad que realizan".
Juan Morote, rector de la Universidad Europea, señala que "el mundo laboral circula a una gran velocidad y no de forma unidireccional. Vivimos un entorno volátil e incierto, y la realidad de la empresa va mucho más deprisa que la de la Universidad". Morote añade que "en el sistema educativo de casi toda Europa el alumno adquiere conocimientos, pero no se desarrolla su creatividad. Hay que eliminar la rigidez del sistema formativo tradicional, y convertir la cadena educativa, entendiéndola como un entorno colaborativo de aprendizaje entre alumno y profesor".
El rector de la Universidad Europea sostiene además que "la Universidad debería certificar competencias reales adquiridas por los estudiantes: liderazgo, adaptación al cambio, trabajo en equipo, iniciativa, resolución de problemas, toma de decisiones, planificación y ejecución. La Universidad no está para descubrir vocaciones, sino para formar a profesionales completos... Gente que sepa hacer algo muy bien, pero con competencias transversales.
Mercedes Chacón, directora de la Fundación Bankia, coincide en la distancia entre el mundo académico y el de las competencias. Se refiere al error de presentar el sistema educativo orientado sólo a la adquisición de conocimientos: "Se lleva a los jóvenes al Bachillerato y a la Universidad cuando lo que piden las empresas es que se adquiera experiencia a través de los conocimientos prácticos".
Riaño insiste en que la evolución actual del mercado de trabajo demuestra que cada vez tienen menos importancia los conocimientos puros. Argumenta que "hay que revisar los programas existentes y dotarlos de un enfoque mucho más práctico, involucrando a las empresas en la formación para mitigar el gap entre el mundo académico y el de las compañías".
A esto Riaño añade "la necesidad de dar respuesta a quien quiere y necesita adaptarse rápidamente a los cambios. Esto incluye al que busca empleo, pero también al empleador, a los centros de formación y a la Administración. Está claro que la Universidad va a una velocidad diferente a la del mercado laboral. Incluso se podría decir que van en direcciones opuestas. Y eso no sirve para mejorar las habilidades y la empleabilidad".

Siempre aprendiendo...

Por su parte Nieves Segovia, presidenta de la Institución Educativa SEK, se refiere a la necesidad de aprender a lo largo de nuestra vida. Cree que "el proceso de aprendizaje hoy es mucho más líquido y no termina nunca", y añade que "entre la Universidad y la empresa no existe la conversación que sería necesaria. Quienes hoy empiezan sus estudios de Primaria desarrollarán trabajos que actualmente no existen. El sistema educativo debería tener en cuenta la posibilidad de crear modelos únicos y personales, huyendo de la estandarización".
Álvaro de Yturriaga, director de la Fundación Universia, recuerda que "aprendemos desde que somos niños antes de saber que estamos aprendiendo, y es entonces cuando empezamos a forjar nuestras competencias personales, que más tarde convertiremos en profesionales; conocimientos, habilidades, aptitudes y destrezas que desarrollamos para comprender, transformar y relacionarnos en el mundo y que se convierten en un saber hacer que en los últimos años ha cobrado especial importancia en la selección del candidato ideal".
Yturriaga destaca que "estas capacidades se adquieren a lo largo de la vida, no las dejamos de aprender. Se consiguen a través de la participación activa en prácticas y situaciones sociales, y también se pueden desarrollar en el contexto educativo formal y no formal. Cada vez más, la Universidad pone a disposición de los jóvenes todo tipo de actividades para desarrollar estas competencias y poder adquirirlas de cara a ser más empleables en su incorporación al mercado laboral. Son actividades que incorporan al plan académico para que el estudiante sepa las necesidades de la empresa y pueda adaptar su perfil a la demanda".
Asimismo añade que "las universidades están realizando un ejercicio permanente de reflexión para aplicar, cada vez más, nuevos métodos de aprendizaje para que el estudiante tenga una formación académica y competencial completa. Conviene favorecer y facilitar espacios de reflexión sobre los nuevos escenarios de la universidad del futuro".
Además, Yturriaga considera que "las personas poseen una serie de capacidades técnicas por su formación y una serie de capacidades competenciales que se relacionan más con su personalidad. Así, la empleabilidad no depende tanto de lo que se sabe, como de lo que se puede aprender, de la adaptabilidad y la capacidad de reciclarse, en un entorno cada vez más global, digitalizado, colaborativo y en constante transformación".

¿Burbuja profesional?

Algunos plantean que la exigencia de nuevas capacidades y habilidades para adecuarse a nuevos puestos podría crear una burbuja de las profesiones. La cuestión es si los trabajos con éxito -muchos de ellos ni siquiera existen hoy- son sostenibles y perdurarán en el tiempo o dejarán atrapados a miles de profesionales. Hay quien se pregunta si es posible aconsejar a alguien que tome el camino de las nuevas ocupaciones igual que en otro tiempo se recomendaba la carrera de Derecho, Ingeniería, Medicina o Económicas.
Nieves Segovia cree que no quedará más remedio que reinventarse varias veces en una misma vida laboral, y que "por eso en el sistema educativo hay que insistir en el desarro¡llo de competencias y habilidades necesarias, y no sólo de conocimientos. Esta es la base para seguir desarrollándonos, para aprender y desaprender. El sistema educativo prepara de una forma muy rígida y estandarizada, y se impone hibridar disciplinas. No importa el contenido del grado sino aquello que le va a dar éxito al alumno".
Segovia añade que "vivimos en un mundo profesional sobresaltado por agentes emergentes que entran en su sector. El sector educativo está muy regulado, es universal y obligatorio, crea una zona de confort muy amplia, y eso hace que la disrupción sea más difícil. Hoy nos encontramos en la Cuarta Revolución Industrial. Con la Primera se generó el sistema educativo actual. La Segunda y Tercera pasaron de largo. En la Cuarta, hay que transformar un macrosistema educativo a nivel mundial. Es más complejo que cuando se creó".
Álvaro de Yturriaga señala que "nuestra sociedad está experimentando un gran cambio, y en medio de esta evolución se abren muchas oportunidades para todas aquellas personas que sepan crear su propia marca personal, bien como proveedor de servicios dentro de una compañía, o apostando por el emprendimiento o el autoempleo como alternativa. Los perfiles demandados hoy son muy distintos a los de hace unos años. Destacan cada vez más aquellas profesiones relacionadas con la robótica y la transformación digital, aunque las competencias clave del profesional del futuro tienen que ser muy humanas y deben aproximarse a la creatividad, la inteligencia social y la capacidad de relacionarse con los demás".
José Antonio Marina concluye que el mundo se rige por la Ley Universal del Aprendizaje, que dice que "toda persona, institución, empresa o sociedad para sobrevivir necesita aprender al menos a la misma velocidad con la que cambia el entorno. Y si quiere progresar, a mas velocidad. Esto hace necesario el aprendizaje continuo, porque vivimos cambios acelerados. Por eso, la learnability, la capacidad de aprender, es la habilidad más valorada hoy.
Marina añade que "el talento es la capacidad para elegir bien las metas y manejar la informacion, de gestionar las emociones y ejercitar las virtudes de la acción (tenacidad, o capacidad de soportar la frustración) necesarias para alcanzarlas. Es la inteligencia en acción, la inteligencia triunfante".

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